sábado, 7 de octubre de 2017

Un espejo en la noche


   La  despertó el calor en medio de la noche. El ventilador no andaba.
   "Otro apagón", pensó.
   Se levantó en la oscuridad y fue a la cocina por un vaso de agua. Poco después se escuchó un grito y ella volvió a la carrera,  se metió en la cama y se tapó de pies a cabeza con la sábana, temblando de miedo.
   Desde esa noche, siempre cubre los espejos antes de ir a dormir.

lunes, 2 de octubre de 2017

El manuscrito maldito (cuento gótico)


   Detrás de la última piedra, al fondo de la tenebrosa cripta, encontraron el manuscrito.
   —Va a tomar tiempo descifrar el texto —dijo el monje.
   Afuera, un rayo partió un roble.
   —Vayámonos, hermano Benito —dijo su compañero—. Este lugar me da escalofríos.
   Cruzaron el camposanto en ruinas, sin mirar hacia atrás. Los relámpagos iluminaban la noche, los truenos cimbraban el aire tormentoso, el viento y la lluvia entorpecían el andar. Llegaron al bosque sin hojas donde habían dejado sus caballos y volvieron al albergue.
   Habían salido del monasterio una semana antes, después que Fray Benito descubriera un mapa en la vetusta biblioteca y convenciera a fray Anselmo que lo acompañara en la búsqueda.
   —Si esto es lo que parece —dijo fray Benito, desplegando el manuscrito sobre la mesa—, no estamos lejos del Santo Grial.
   —No me gusta esto —balbuceó fray Anselmo—. Esa tumba está maldita.
   —Déjate de estupideces y ayúdame con este criptograma —ordenó fray Benito.
   Tres días tardaron en descifrarlo. Lo colgaron en una pared y, a la luz de una vela, fray Benito pronunció una a una las palabras.
   —No me parece la descripción del lugar donde está oculto el Santo Grial —señaló fray Anselmo.
   —Sí lo es —dijo fray Benito—. Pero debemos interpretarlo. Y creo que en el número tres, que aparece tres veces, está la clave del misterio. Volvamos a leerlo.
   Y otra vez leyeron, en voz alta, las palabras. Fray Benito se acercó y miró el manuscrito. Le pareció que las letras fulguraban. Se retiró y le pidió a fray Anselmo que lo leyeran por tercera vez.
   —Con fervor y fe, tal vez logremos comprender —dijo.
   Cerraron los ojos y pronunciaron con voz temblorosa el hechizo. Todavía retumbaba el eco de la última palabra cuando sintieron un escalofrío en la nuca.
   Trataron de huir, pero ya era demasiado tarde.

sábado, 23 de septiembre de 2017

Bichología aficionada


   Mi breve incursión en la entomología y ciencias afines comenzó hace siete meses.
   Estaba leyendo en el sillón, cuando sentí un doloroso aguijonazo bajo el muslo. Me levanté de un salto y me incliné para ver qué bicho me había causado esa enorme y encendida roncha, que no dejaba de crecer. La picazón era insufrible y me obligaba a rascarme, pero lo único que conseguía era azuzar el ardor, como si al rascar se reventaran miles de diminutos aguijones llenos de ponzoña, similares a los que dejan clavados en la piel las abejas cuando pican.
   Pero no encontré ninguna abeja, ni avispa, ni araña, ni alacrán... ni siquiera una pulga. Por las dudas,  fumigué el sillón con un producto que prometía la eliminación de todo tipo de plagas.
   Durante unos meses pensé que me había liberado de la misteriosa alimaña, hasta que un segundo tarascón, punzante y desgarrador, me sacó de la complacencia. De nuevo, el vivo fogonazo me había sido propinado por algún bicho invisible que, al parecer, había hecho su nido en mi sillón.
   Me equipé con lupa, navaja y guantes, y comencé a investigar. Tardé días, pero al final pude ver un punto pequeñísimo que parecía haberse movido. Tomé una muestra y la puse bajo el microscopio: era una colonia de hormigas, millones de ellas, con sus obreras, sus soldados, sus zánganos y su reina, pero eran de una especie infinitesimal que, hasta donde pude averiguar, había logrado permanecer desconocida para la ciencia.
   El sillón estaba infestado. Lo saqué a un baldío y lo regué con gasolina. No todo debe saberse.
   Espero que no se me haya escapado ninguna.

lunes, 18 de septiembre de 2017

Destino literario II

   La marquesa salió a las cinco, sin sospechar que sería considerada un ejemplo de mala literatura.
   Esta fatalidad, como cualquiera puede deducir, es compartida por todas las marquesas que alguna vez salieron a las cinco. Y, si vamos al caso, también por las condesas que salieron a las seis, porque la mala literatura acaece sin importar quién la hace ni a qué hora.
   Esto, según los surrealistas. Para otros, entre los que obviamente me incluyo, los textos que comienzan con esa frase pueden tener un excelente potencial.
   Para la muestra, este botón.