miércoles, 4 de julio de 2018

El cuento número 100


   He escrito 99 cuentos. O sea que el próximo sería el número 100.
   ¿Qué lo diferenciaría de los otros cuentos? Nada, fuera de que completaría la centena.
   Otros números sirven de guía, como el 7 y el 12, o tienen asociaciones místicas, como el 1 y el 3. Pero el 100 es fatídico: el centenario de la fundación, la guerra de los 100 días, 100 años de soledad. Otorga importancia intrínseca, sólo por tratarse del número 100.
   Por eso escribirlo es un reto, un hito cargado de fatalidad. El número 100 debe ser un cuento bueno. Es más, debe ser el mejor de todos, sin otro motivo fuera de que sería el número 100.
   ¿Qué subgénero de la ficción breve debería adoptar? ¿Minicuento de terror, metaficción mínima, minicuento en verso, minicuento de ciencia ficción, miniensayo, minisaga, minipoema en prosa? ¿O tal vez habría que inventar otro subgénero? Son demasiadas opciones, pero sólo una será la acertada para escribir el cuento número 100.
   Es abrumadora la responsabilidad. Cualquier paso en falso podría llevar al fracaso. Es del todo posible que no llegue a escribirlo.

Geometría imaginaria del amor


   Hoy volvimos a salir los tres: mi amigo, su novia y yo. Noté de nuevo que ella me buscaba con la mirada, que estaba atenta a todo lo que yo decía. En un momento, incluso, se acercó con disimulo y su seno rozó mi brazo.
   Me pregunté si no estaría imaginando cosas. Pero con una caricia furtiva ella despejó mis dudas.
   ¿Traicionaría a mi amigo? No enfrente de él, en todo caso. Me hice el que no me enteraba.
   Pero esta noche, en la soledad de mi cuarto, no he hecho sino volver una y otra vez sobre la escena,  variando en cada iteración los detalles de otros desenlaces posibles.
   Lo que pasa en mi mente, se queda en mi mente.

sábado, 19 de mayo de 2018

Posesión


   Un hombre y su hijo de siete años caminan por un bosque. El niño va adelante, cantando y corriendo. Al llegar a un claro, se detiene. El padre se acerca a él. Nota los ojos desorbitados, las  pupilas dilatadas, la extrema palidez.
   —¿Qué pasa, hijo? ¿Qué has visto que te has puesto así?
   El niño gira lentamente,  su rostro irreconocible.
   —No temas —dice,  blandiendo como un garrote una robusta rama —. El bosque ha hablado. Requiere un sacrificio.

sábado, 12 de mayo de 2018

Máscaras


   Mi enemigo se ha pintado el rostro y se ha pertrechado con un casco en forma de calavera y un escudo con puntas filosas, para aterrorizarme.
   Yo he hecho lo propio con mi armamento.
   La máscara más fiera saldrá victoriosa.