miércoles, 29 de noviembre de 2017

Frente al tablero de ajedrez


   —Tablas —dice el que juega con las piezas negras—. ¡Otra vez!
   —Juguemos otra partida —propone el adversario.
   Rearreglan las piezas y cambian de color. Juegan con movimientos rápidos, como si supieran de antemano la estrategia del contrincante. Al rato, el que juega ahora con las blancas exclama:
   —¡Tablas! ¿Cómo es posible?
   El que juega con las negras mira a su adversario con tristeza.
   —Está claro: es imposible que me pueda ganar a mí mismo.​

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